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La Costa de la Luz

Jerez de la Frontera, bien conocida por sus vinos, sus caballos y su flamenco, conserva un casco histórico que ha sido declarado conjunto histórico-artístico. Una de las más nobles localidades gaditanas aúna el señorío de palacios aristocráticos con el sabor popular de un caserío típicamente andaluz. Rasgos que se ponen de manifiesto cada año en la celebración de la Feria del Caballo, declarada de Interés Turístico Internacional. Esta inmensa oferta cultural se enriquece con los aromas de la gastronomía regional, en la que destaca la Denominación de Origen de Jerez-Xérès-Sherry Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda. Una visita a alguna de las bodegas de la ciudad ayudará al viajero a profundizar en su tradición vinícola.

La excepcional situación geográfica de Jerez hace posible acercarnos a playas y localidades históricas de la Costa de la Luz, como El Puerto de Santa María, Puerto Real (cuyo barrio viejo es conjunto histórico artístico) o Chiclana de la Frontera. En el extremo más occidental del litoral gaditano, se extiende Sanlúcar de Barrameda, bien conocida por su manzanilla, con Denominación de Origen, y por ser una de las entradas al Parque Nacional de Doñana, declarado Patrimonio de la Humanidad.

Jerez de la Frontera es un buen punto de arranque para hacer la Ruta de los Pueblos Blancos. Así descubriremos la Serranía de Ronda, los parques naturales de Grazalema y los Alcornocales; además de localidades con un impecable caserío blanco como Arcos de la Frontera, Medina Sidonia o Vejer de la Frontera. Otro itinerario cultural recomendable es la Ruta Bética Romana, que nos llevará a poblaciones de esta provincia romana bajo el Imperio, desde Santiponce (Sevilla) hasta Tarifa (Cádiz), un buen lugar para pasear por su casco viejo y practicar el windsurf. En arco desde Ayamonte a Tarifa, desde la desembocadura del Guadiana hasta el estrecho de Gibraltar, la Costa de la Luz extiende sus playas, finos arenales interminables escoltados por pinares.

La Costa de la Luz está hecha de arena y sol; los ríos se desparraman en caños antes de llegar al mar; en las marismas, esteros y salinas se mezclan el agua y la tierra. El nombre le viene dado por una luz vivísima que resalta la pulcritud de las calles, el encalado de los muros, el dorado de las dunas y el reflejo de plata del mar, único matiz grisáceo en esta tierra de color. Hacia el interior se encuentran paisajes variados de sierras agrestes, campiñas feraces, dehesas de toros bravos, viñedos cuya fama recorre el mundo y pueblos recónditos donde el tiempo pasa sin prisa. La primavera es una explosión de flores, fiestas y romerías; el invierno, tibio y soleado, atrae a esta zona a millones de aves.

La Costa de la Luz tiene en El Puerto de Santa María una de sus localidades más representativas. Esta villa de muros encalados se extiende entre pinares, playas y marismas, en plena Bahía de Cádiz. El Parque Natural, de este mismo nombre, sirve de telón de fondo a las construcciones más emblemáticas de su casco urbano y a las embarcaciones de su costa. Puertos deportivos, campos de golf y complejos residenciales de lujo se asientan a orillas del Atlántico, disfrutando de unas hermosas vistas y más de 300 días de sol al año.

Los pescados del Atlántico, sobre todo los de estero y los de paso hacia el Estrecho de Gibraltar en sus migraciones anuales, las excelentes gambas, los langostinos sabrosísimos y el vino de Jerez, dan un nivel muy interesante a su gastronomía.